Hotel Central
Pieza de terrazo integrada en el pavimento de acceso al antiguo Hotel Central, con el nombre del establecimiento inscrito mediante letras incrustadas. Constituye el único elemento material visible que recuerda hoy la existencia de este emblemático hotel situado en el entorno del Parque de Santa Catalina, uno de los núcleos sociales y turísticos más relevantes de Las Palmas de Gran Canaria durante las primeras décadas del siglo XX.
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El Hotel Central desempeñó un papel destacado en la vida social, turística y portuaria de Las Palmas de Gran Canaria en los albores del turismo moderno. Situado en la calle General Vives, muy próximo al Muelle de Santa Catalina, el hotel se encontraba estratégicamente ubicado para recibir a los viajeros -principalmente británicos- llegados en los barcos que enlazaban Canarias con el Reino Unido.
Su emplazamiento en el entorno del Parque de Santa Catalina, auténtico ágora urbana del momento, convirtió al Hotel Central en un punto de encuentro habitual para palmenses, turistas y visitantes procedentes de otras islas que arribaban en los correíllos. En este espacio se concentraba buena parte de la vida cultural y social de la ciudad, con conciertos de la Banda Municipal, terrazas animadas y el tránsito de jóvenes que acudían a los cines Santa Catalina e Ideal.
Existe constancia documental de la presencia de otro Hotel Central en 1908 en la calle Triana nº 65, si bien no se ha podido confirmar una relación directa entre ambos establecimientos.
A la edad de 12 años, Ventura Armas Núñez ya cargaba con las maletas de los clientes del Hotel Central y a los 16 se había convertido en el hombre de confianza de su patrón, Juan Artiles. Llegó a ser toda una institución en el área del parque y el muelle, donde esperaba y recogía a sus clientes para ayudarles en lo que necesitaran y buscarles alojamiento en caso de no poder hacerlo en el hotel. En sus 53 años de servicio conoció a personalidades de todo tipo: oficiales de los barcos anclados en el puerto, refugiados políticos camino del exilio hacia América, contrabandistas que pedían las habitaciones de la azotea para vigilar los movimientos de las patrulleras de la Armada, autoridades políticas y militares (incluyendo a Francisco Franco), artistas…
En 1975 el hotel se transformó en restaurante y Ventura continuó como jefe de camareros hasta su jubilación. Tal fue su trayectoria y destacado papel durante los años del desarrollo turístico de la capital, que en 1987 el Ministerio de Transportes, Turismo y Comunicaciones le concedió la Medalla de Bronce al Mérito Turístico por su aportación al sector.
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